Hasta hace unos 15 años años atrás, conceptos como Responsabilidad Social Empresarial (RSE), o los aportes sociales desde una empresa o emprendimiento eran escasos. La gente no apuntaba necesariamente con el dedo a las grandes empresas, responsabilizándolas del deteriorio medio ambiental ni del crecimiento como país ni de la evolución como sociedad. Simplemente, eran temas independientes dado que para eso estaba el estado, o el gobierno para cubrir justamente esa arista social. ¿Qué pasó con el tiempo? Pues vemos que las grandes empresas han sabido aprovechar vacíos legales y han actuado al límite de la Ley. Llámelo astucia, inteligencia para negocios, etc. Por otra parte, el gobierno ha perdido protagonismo social importante, debido a limitantes como la constitución y porque en gran parte se han sumido en la burocracia en todos los ámbitos (salud, educación y un largo etcétera). Los servicios básicos fueron paulatinamente privatizados, convirtiéndolos en mercado y en empresas con extremado lucro. Resumiendo, siento que hoy en día la gente demanda cada vez con más fuerzas que las empresas constituyan no solo un motor de crecimiento económico, sino también un aporte a la sociedad, tal fuese un «turbo» para un motor de combustión interna, algo más que sólo entregar sueldos dignos/indignos y pagarle las imposiciones legales de salud y pensión a sus empleados.
Durante los últimos años el tema de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) ha tomado una creciente importancia a nivel internacional, pero al mismo tiempo a generado un fuerte debate sobre sus alcances e implicaciones, más que nada por la aparente dificultad de cómo llevar a la práctica un concepto que incide de forma directa en la imagen de la empresa o emprendimiento en la sociedad, con el consiguiente riesgo reputacional.
Se habla mucho de la RSE, sobretodo en las grandes empresas, que a su vez, forman parte de grupos empresariales monopolistas, pero, ¿qué es realmente la Responsabilidad Social Empresarial?, ¿a quiénes está referida y cuáles son sus actores?, ¿debe ser obligatoria o voluntaria? La respuesta a todas estas interrogantes no es una tarea fácil ya que está ligada, básicamente, a la identificación y el conocimiento de cuáles son los retos planteados para el desarrollo sostenible en cada una de las sociedades en que tienen impacto, cuáles son las expectativas de los llamados grupos de interés, cómo se debería reaccionar para responder adecuadamente a esos retos y, en especial, cómo integrar de manera efectiva, equilibrada y de consenso la participación de todos los actores para el aprovechamiento de las oportunidades, logrando con ello la orientación de las acciones hacia el desarrollo sostenible.
En lo personal, opino que cualquier empresa o emprendimiento tiene la facultad para poder hacer contribuciones a la sociedad más allá del pago de sueldos o posibles beneficios para sus colaboradores. El aporte social debe ir más allá del apoyo que pudieran dar a sus empleados, las empresas o emprendimientos. Esos aportes considero deben ser reales y tangibles. Los empresarios y emprendedores deben entender que estamos en un mundo compartido. Que los recursos naturales son finitos y que por ende debemos cuidarlos por la sobrevivencia de todos los habitantes del mundo. También entender de que si eres un emprendedor, debes tener la responsabilidad mínima de ser un aporte a la sociedad, de ayudar a la gente que más lo necesita. Si, por ejemplo, instalas una peluquería en un barrio, regala cortes de cabello a los ancianos solitarios o personas en situación de calle. Entiendan que eso no los hará más o menos empresarios, pero sí estarán, a través de sus negocios, siendo un real aporte visible para la gente y para el mundo entero, dejando de lado las burocracias y el sobrepensamiento en el aspecto social. Pequeñas acciones provocan grandes cambios, y al menos yo, no pierdo la esperanza.
