En el nuevo episodio de Futurismo Podcast conversé con Alonso Astroza, uno de los referentes más visibles de la inteligencia artificial en Chile, desde la ciencia aplicada hasta la educación con propósito. Astroza es ingeniero eléctrico, subdirector de alianzas en el Instituto de Data Science de la Universidad del Desarrollo, fundador de IADEVS, y se define sin rodeos como alguien a quien le obsesiona “construir productos de datos”.
La charla fue, sobre todo, una bajada a tierra. No desde el hype, sino desde la experiencia. Desde cómo un adolescente fanático de la ciencia ficción terminó leyendo el futuro… y luego programándolo.
“Yo quería ser matemático”… hasta que apareció una pelota que atravesó una ventana
Astroza sitúa el origen de su pasión tecnológica lejos del cliché del “niño computín”. Su puerta de entrada fue cultural: literatura, cine y ciencia ficción, mezclados con una afinidad intensa por las matemáticas.
“Siempre fui cercano a la parte tecnológica más por la literatura y por el cine… leía mucha ciencia ficción… y era muy bueno para las matemáticas, era como mi hobby.”
En educación media, alrededor del año 2000, llegó a competir en olimpiadas y obtuvo una medalla de bronce. Su plan inicial era nítido: ser matemático. Entró a Ingeniería en la Universidad de Chile con esa idea… pero el destino se corrió hacia la programación.
El punto de quiebre no fue una tesis, ni una charla TED. Fue un momento “simple” que todo programador recuerda como epifanía:
“El profe corre el programa… y la pelota en vez de rebotar a la pared pasa hacia la otra ventana. Dije: ‘No, esto es lo que tengo que hacer toda mi vida’.”
Ese instante define una idea que atraviesa todo el episodio: la tecnología no seduce por moda, seduce por maravilla. Por la sensación de crear algo que antes no existía.
Ciencia ficción que se volvió realidad (y el problema del miedo egocéntrico)
Cuando le pregunté si la ciencia ficción termina convirtiéndose en realidad, Astroza respondió sin titubear. De hecho, puso un ejemplo muy 2025: personas enamorándose de chatbots, como en la película Her.
Pero más interesante fue su crítica a la narrativa apocalíptica que se repite en cada ola tecnológica:
“Esa forma de ver el mundo es demasiado egocéntrica. No porque a ti no se te ocurra qué vamos a hacer en 20 o 30 años más, significa que esos trabajos no van a existir.”
En otras palabras: creer que “se acaba el trabajo” porque no imaginamos el futuro es, para él, una falla de perspectiva. La humanidad siempre inventa nuevas ocupaciones.
“Hace 100 años nadie te decía ‘quiero ser youtuber’… en 100 años más, ¿en qué vamos a trabajar? No lo sé. Y eso es algo bueno.”
Educación en shock: “Es imposible detectarlo”
En el corazón de la conversación aparece un tema incómodo: la educación chilena (y mundial) está viviendo una crisis de adaptación. Y Astroza lo resume con una frase que incomoda a profesores y tranquiliza a estudiantes:
“Los profesores creen que van a detectar cuando alguien usa IA… y la respuesta es no. Es imposible.”
Según explica, los detectores tienen falsos positivos grotescos: textos históricos o institucionales aparecen como “IA” con porcentajes altísimos. Resultado: se arma un círculo vicioso donde el estudiante aprende a “burlar al detector”, no a aprender.
Su propuesta es frontal: asumir el escenario.
“Tenemos que plantearnos el escenario en que ya, ok, los estudiantes lo van a usar. Y en ese escenario: ¿cómo le saco partido?”
Y ahí aparece su tesis más potente (y más olvidada por las políticas educativas): la habilidad que deberíamos priorizar hoy es lectoescritura.
“La habilidad principal… es la lectoescritura. Que sean capaces de leer, escribir, y escribir bien… porque la comunicación con la IA se realiza en lenguaje natural.”
Para Astroza, el prompt no es magia: es calidad de contexto. La IA no “adivina”, responde a lo que le das.
“La inteligencia artificial produce un resultado en base al contexto que tú le das… lo que tú escribes… va a significar qué tan bueno es el resultado.”
Y aquí lanza un misil a la lógica de incentivos del sistema: si la PAES no evalúa escritura real, los colegios no tienen motivos para entrenarla.
“¿La PAES tiene alguna pregunta en que el estudiante tenga que escribir? Creo que no. Ninguna.”
Un dato que define época: “Ni ellos sabían lo que tenían en las manos”
Si hubo un momento de “golpe” en el episodio, fue cuando Astroza relató un hecho simbólico sobre el lanzamiento de ChatGPT.
“ChatGPT se lanzó el 30 de noviembre de 2022… y ese mismo día un ingeniero de OpenAI en el MIT decía: ‘no se preocupen, esto es solo para nerds, no va a tener efecto comercial’.”
Y remata con una idea brutal:
“El mismo día que lanzan la plataforma tecnológica con adopción más acelerada… ni siquiera tenían idea del impacto.”
Para él, ese ejemplo explica por qué seguimos en una fase inicial: esto llegó demasiado rápido incluso para quienes lo crearon.
“Estamos en un periodo de inicio… nadie sabe cómo reaccionar.”
La trampa de los negocios: la IA no es un proyecto estático, es un sistema vivo
Cuando hablamos de empresas, Astroza no se fue por el discurso de “transformación digital” de PowerPoint. Se fue por lo que duele: mantención.
“Un sistema de IA… no es un proyecto estático… necesita mantención. Porque el mundo cambia. Y los modelos… se degradan siempre.”
Explica la idea con un principio que todo equipo de datos aprende tarde o temprano:
“Los datos son sucios porque el mundo es sucio.”
La consecuencia: si tú despliegas un modelo hoy y lo abandonas, su rendimiento cae. Punto. Por eso insiste en que el éxito real no es “hacer IA”, sino operarla.
Pero también entrega una buena noticia: hoy prototipar es muchísimo más rápido y menos riesgoso.
“Hoy puedes llegar a prototipos muy rápido… y eso te permite contrastar con usuarios… antes no existía.”
“No hay vuelta atrás”: productividad personal vs. lentitud organizacional
Astroza distingue dos grandes líneas: IA embebida en software (productos) y IA como productividad (hacer tu trabajo mejor). En la segunda, su posición es tajante:
“No hay vuelta atrás… hoy la IA efectivamente hace que la gente sea más productiva.”
Su ejemplo es personal y directo:
“Antes no programaba ciertos lenguajes… hoy puedo… escribo todo el rato en inglés… hago informes mucho más rápido… me he potenciado cinco veces.”
Pero el problema no es el profesional: es la organización. Hay un “gap” entre el salto individual y lo que la institución captura.
“Hay una diferencia entre lo que el profesional crece… y lo que las organizaciones están captando. Ahí está el cuello de botella.”
Y aquí suelta una cuña que se va a citar mucho:
“La IA generativa invirtió la cadena de difusión tecnológica: partimos nosotros… y las organizaciones y gobiernos están tratando de sacarle valor.”
Riesgos reales (no conspiraciones): IA como “cámara de eco” para mentes vulnerables
Le planteé el tema conspirativo (Neuralink, chips, control, “antenas que leen emociones”). Astrosa no lo ridiculiza, pero lo aterriza: el peligro no está ahí. El peligro está donde ya está ocurriendo.
Trae un caso reportado por prensa estadounidense: un menor que se suicida y una demanda asociada. Y pone el foco en algo clave: cómo una IA puede reforzar un espiral mental peligroso.
“La inteligencia artificial… son cámaras de eco… empiezan a reflejar mis propios pensamientos.”
Y lo define con precisión:
“No induce psicosis… la acelera. A las personas que sí son afectadas… acelera ese proceso.”
Su recomendación es educativa y urgente:
“ChatGPT no es tu amigo… ni siquiera es humano… replica lo que tú le estás diciendo.”
En un mundo donde adolescentes lo usan como consejero emocional, esa frase no es menor. Es una advertencia.
DataRisas: el Festival de Viña como base de datos cultural
Uno de los momentos más entretenidos del capítulo fue cuando Astroza explicó DataRisas, su proyecto que cruza cultura popular con IA.
La idea: tomar rutinas del Festival de Viña en YouTube, transcribirlas con IA, detectar chistes y convertir todo en un buscador.
“Tú puedes buscar ‘presidente’ y te sale una curva de cuántos chistes… se han contado a través de los años… y ver los clips exactos.”
El objetivo no es solo humor. Es explorar límites tecnológicos con el español chileno, con sus modismos, rapidez y ruido.
“Whisper empieza a transcribir en argentino… cuando se confunde… transforma el español chileno en argentino.”
Lo más valioso del proyecto: automatización total.
“No he movido ni una sola coma. Todo tiene que ser full automático.”
Y su visión va más allá del festival: sueña con herramientas para que comediantes naveguen sus propias rutinas como si fueran reuniones indexadas en Teams.
“Buscar semánticamente… ‘medios de transporte’ y encontrar autos, aviones, bicicletas…”
IADEVS: aprender en comunidad para sobrevivir a un mundo que cambia por semana
Astroza cierra con un llamado que suena simple, pero es probablemente la estrategia más realista para 2026: aprender en comunidad.
“La única forma de sobrevivir… es que nos juntemos a aprender.”
IADEVS, su comunidad, organiza una conferencia con fechas claras.
“Es gratis… recomiendo que vayan desarrolladores… van a conocer a mucha gente construyendo cosas con IA.”
Y deja un último principio que atraviesa todo: el aprendizaje significativo casi siempre ocurre con otros.
“El aprendizaje significativo se da en comunidad… te va a tocar ayudarle al resto y por lo mismo tú vas a ser ayudado de vuelta.”
Epílogo: el futuro no es “IA o nada”, es “humanidad amplificada”
Si algo deja este episodio de Futurismo Podcast es una idea clara: la inteligencia artificial no es un reemplazo mágico del ser humano. Es un amplificador. Para bien o para mal.
Puede potenciar productividad, creatividad y acceso a construir. Pero también puede acelerar fragilidades, reforzar burbujas emocionales y romper sistemas educativos que no se actualizan.
La pregunta no es si la IA se queda. Ya se quedó.
La pregunta es: ¿vamos a aprender a convivir con ella de manera ética, humana y útil?
Nos vemos en el próximo episodio de Futurismo Podcast. Soy Joe Santibáñez.

