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Empresarios despiadados: Ambición versus codicia

No tengo nada en contra de los empresarios, sean estos pequeños o grandes, de éxito visible o invisible. En lo personal, siento que son parte fundamental para el desarrollo de las sociedades y para la construcción de naciones prósperas.

Como en la vida misma, existe el bien y el mal. Quédate porque a continuación te cuento dos historias relacionadas con empresarios que optaron por el camino de la ambición extrema, el mal.

¿Quiénes son o fueron los empresarios más despiadados de la historia? ¿Qué ejemplos hay de su crueldad?

El derrumbe del centro comercial Sampoong.

Durante el auge económico de Corea del Sur en la década de 1980, se construyó Sampoong en Seúl. Aunque en un principio iba a ser un complejo de departamentos, Lee Joon decidió a mitad de camino que quería que se convirtiera en un centro comercial. Esto obligó a cambiar los planes, sobre todo a eliminar varias columnas de apoyo para poder instalar escaleras mecánicas.

La empresa constructora se negó a realizar estos cambios, por lo que Lee los despidió y contrató a sus propios constructores.

Sus exigencias implicaban otros problemas con el edificio terminado: no había esqueleto de acero ni vigas transversales, lo que significaba que la carga no podía transferirse entre pisos. También ordenó que los pilares del suelo se redujeran a un grosor inferior al de seguridad, para así, maximizar el espacio del suelo, y que se separaran más -aumentando la carga de cada uno- por la misma razón. En el techo se instalaron tres unidades de aire acondicionado de quince toneladas cada una, lo que multiplicó por cuatro la capacidad de carga.

Las rajaduras del edificio comenzaron a aparecer a los pocos años de su inauguración, después de que los aparatos de aire acondicionado fueran arrastrados por el techo, provocando grietas. En abril de 1995, empezaron a aparecer más grietas también en el quinto piso. La única respuesta de Lee y la dirección fue trasladar la mercancía de la planta superior al sótano.

Apenas un par de meses después, las grietas se multiplicaron drásticamente.

La respuesta de la dirección fue cerrar los pisos superiores. Invitaron a ingenieros civiles a inspeccionar el edificio, quienes rápidamente llegaron a la conclusión de que el edificio corría riesgo de derrumbarse. Los directores le sugirieron a Lee Joon que se evacuara el edificio, pero Lee rechazó airadamente la idea, diciendo que no quería perder ingresos. Sin embargo, ellos si siguieron la recomendación, Lee estuvo más que feliz de evacuar él mismo junto a los otros ejecutivos. ¿Sabes quién trabajaba en el edificio en ese momento? Su nuera.

Ni siquiera a ella se lo dijo.

A las 5 de la tarde del 29 de junio de 1995, el techo del quinto piso empezó a hundirse. Sin embargo, Lee no cerró la tienda ni ordenó ninguna reparación de emergencia. Casi una hora más tarde, el edificio empezó a crujir y el sonido se escucho en todo el edificio, lo que llevó al personal a hacer sonar las alarmas y evacuar a los clientes. Sin embargo, era demasiado tarde. El techo se derrumbó y los gigantes aparatos de aire acondicionado empezaron a caer, destrozando todos las pisos. Las columnas principales se doblaron y, en menos de veinte segundos, el ala sur del edificio se vino abajo, matando a más de 500 personas e hiriendo a más de 900.

Fueron necesarios varios días de rescate para liberar a los supervivientes atrapados, algunos de los cuales sobrevivieron al calor que hacía, bebiendo agua de lluvia. Por el contrario, algunas de las víctimas atrapadas sobrevivieron al derrumbe pero murieron ahogadas a causa del agua utilizada para sofocar el fuego.

El derrumbe fue investigado por un tal profesor Chung, un catedrático de ingeniería civil. Durante su interrogatorio a Lee, éste se desentendió de las víctimas y declaró que su principal preocupación era el daño financiero sufrido por su empresa. Finalmente fue detenido, condenado y sentenciado a diez años de prisión. Sólo cumplió siete, pero de todos modos murió poco después de ser liberado.

Lee Joon convirtió la crueldad en una forma de arte. Era totalmente egoísta y carente de humanidad; es increíblemente raro que diga esto de alguien, pero me alegro de que ese desperdicio de aire esté muerto.

Ya que estamos en esto y me han acompañado hasta este momento, quisiera compartir con ustedes otra historia con ribetes similares a lo ocurrido en Corea del Sur, esta vez en Estados Unidos.

Inundación de Johnstown de 1889

La Inundación de Johnstown de 1889, fue una inundación ocurrida en la localidad de Johnstown, en el Estado de Pensilvania, la tarde del 31 de mayo de 1889. En ella, fallecieron 2209 personas y centenares desaparecieron, a causa de la rotura de la Presa de South Fork. La causa principal fue la negligencia criminal del grupo de magnates, principalmente ligados a la industria siderúrgica norteamericana, reunidos en «El Club de Caza y Pesca del Lago South Fork», propietarios de la presa, quienes alteraron el muro de la represa para facilitar sus propósitos recreacionales y

y que hicieron descargar más de veinte millones de toneladas (18 millones de metros cúbicos) de agua en la ciudad, que quedó completamente arrasada. Los daños fueron valorados en 17 millones de dólares estadounidenses de la época (equivalentes a 425 millones de dólares estadounidenses en la actualidad).

El club nunca fue considerado legalmente responsable por el desastre. La injusticia percibida ayudó a la aceptación, en casos posteriores, de «responsabilidad estricta, conjunta y solidaria», de modo que incluso un «acusado no negligente podría ser considerado responsable por los daños causados ​​por el uso antinatural de la tierra».

No obstante, miembros individuales del South Fork Club, millonarios en su día, contribuyeron a la recuperación de Johnstown. Junto con aproximadamente la mitad de los miembros del club, el cofundador Henry Clay Frick donó miles de dólares a los esfuerzos de ayuda. Después de la inundación, Andrew Carnegie construyó una nueva biblioteca en la ciudad.

Para alcanzar el éxito, ya sea personal o profesional, hay que tener ambición. Después de todo, luchar por tus objetivos es fundamental para alcanzar resultados concretos. Sin embargo, ocurre que muchas personas confunden ambición con codicia, principalmente por no entender con claridad lo que es ambición.

Sucede que estos dos conceptos son muy distintos. Mientras que la ambición es la disposición para enfrentar retos y crecer, la codicia son las ganas de tener más de lo necesario.

Para ser un buen profesional y ganar una posición destacada en el mercado, es necesario un poco de ambición, ya que nos impulsa a lograr nuestros sueños y despierta el deseo de llegar cada día más lejos en nuestra caminata, pero no te confundas: la codicia no te llevará a nada bueno.